Coronavirus: una metáfora para el discipulado biblico

Este articulo fue escrito por David Haron y fue publicado originalmente en la revista La Fuente de Abril 2020.

Antes de llegar a conclusiones sobre el título de este artículo, deme la oportunidad de explicar cómo veo el Coronavirus como una metáfora del discipulado. Primero, es importante saber que escribo esto desde mi casa en el sur de Italia, donde hemos estado sirviendo como misioneros durante los últimos años y actualmente estamos en cuarentena. Estar atrapado en casa y leer las noticias hora por hora ha traído a la mente una variedad de reflexiones que creo que vale la pena compartir con la iglesia.

Desde mi punto de vista, la pandemia actual del Coronavirus es peligrosa, no debido a la tasa de mortalidad (la tasa de mortalidad en Italia del 5% es actualmente la más alta del mundo) … sino más bien por lo contagioso que es. Esto es significativo porque los dos van de la mano. Cuanto más se propague el Coronavirus, las personas más vulnerables serán víctimas de su maldición. Sin embargo, este contagio suena similar a los ejemplos de discipulado que vemos modelados en el Nuevo Testamento.

El «contagio» o reproducibilidad del discipulado bíblico fue claramente modelada por Jesús. Su objetivo principal durante sus años de ministerio no fue ver cuántos sermones podía predicar o cuantas personas podía curar, ni cuantos muertos podía resucitar. Todas estas cosas eran importantes, sin embargo, su ministerio sirvió como un modelo que Jesús pretendía que fuera reproducido. En Lucas capítulo 9, Jesús envía a 12 discípulos para hacer las mismas cosas que Él había estado haciendo. Luego, en Lucas capítulo 10, Jesús envía un grupo de 72. El deseo de Jesús no era ser el único que hacía el ministerio, sino invertir en unos pocos (12) para que el impacto de su ministerio se multiplicara.

Sorprendentemente, después de la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, el contagio del evangelio no se detuvo, más bien aceleró. Las palabras de Jesús a sus discípulos en Mateo 28: 18-20 y Hechos 1: 8 (comúnmente conocidas como la Gran Comisión) fueron un llamado a hacer discípulos en todo el mundo. El deseo de Jesús era que las buenas nuevas de salvación fueran contagiosas y, en consecuencia, llegaran a los confines de la tierra. ¡El libro de Hechos nos muestra cuán contagioso era ese mensaje del evangelio y el modelo de discipulado!

En el día de Pentecostés, a través del audaz mensaje de Pedro, 3000 personas se arrepintieron y fueron bautizadas (Hechos 2:41). A partir de ese momento, las cosas continuaron creciendo y extendiéndose. Hechos 2:47 nos dice que todos los días se unián personas nuevas al cuerpo de Cristo. Entonces, en resumidas cuentas… Jesús discipuló a 12 hombres a quienes envió. Luego, ese número aumentó a 72. Después, el mensaje impactó a 3000 personas (de muchos grupos lingüísticos) y continuó creciendo diariamente. Tendría razón al pensar … «Que asombroso … ¡eso se extendió rápidamente!» Correcto, parecido al Coronavirus. Creció. Se extendió. Se multiplicó. Tanto así que Pablo escribe en Romanos 15:23 que no le quedaba lugar para trabajar porque el evangelio se había extendido por toda la región (ver Romanos 15:19).

Usted podría estar pensando: “¿Por qué parece que hoy en día el cristianismo está teniendo el efecto contrario? Sigo escuchando que muchas iglesias están cerrando … ¿por qué es eso? ¿Puede ser que la iglesia (especialmente en Estados Unidos y Europa) ha perdido su visión del discipulado? Aunque el modelo bíblico del discipulado en las Escrituras es vibrante y contagioso, parece que el discipulado en muchas iglesias alrededor el mundo está estancado. ¡Se siente como si, en términos de discipulado, la mayoría de los creyentes están viviendo en cuarentena en lugar de hacer el trabajo de propagar el evangelio!

Aquí es donde la analogía toma un giro crucial. Si bien el coronavirus representa una gran amenaza en todo el mundo, es esencial que los cristianos entiendan que el Evangelio es EXACTAMENTE lo que el mundo necesita en este momento. De hecho, creo que, en muchos sentidos, es el antídoto perfecto para los síntomas más profundos. Me di cuenta de que las conversaciones con amigos y familiares han estado marcadas por un mayor nerviosismo… una cierta tensión incómoda. Esto es importante porque la gente está reconociendo, ahora quizá más que nunca en la historia reciente, los síntomas de nuestro mundo quebrantado. Esta es exactamente la ventana de oportunidad que necesitamos para hablar sobre las bellas, transformadoras y buenas noticias redentoras del evangelio. Preste atención a esto:

El evangelio difunde la esperanza donde el coronavirus propaga el miedo. El evangelio trae vida, donde el coronavirus amenaza la muerte. El coronavirus aísla a las personas y el evangelio las une. El coronavirus crea ansiedad, el trabajo transformador del evangelio brinda una paz más allá de la comprensión. Pablo lo dijo bien … «No me avergüenzo del evangelio, porque es el poder de Dios que trae salvación a todos los que creen»(Romanos 1:16). Cuanto más se propague el Evangelio, más personas se verán afectadas por su verdad y poder transformador. ¡Hermanos, no se desanimen … no compartan gérmenes … compartan el evangelio!

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